Me inicié en la carrera de la docencia, allá por el año de 1979. Lo recuerdo como si fuera ayer, fue un acontecimiento muy emotivo conjugado con cierta nostalgia ya que era la primera vez que me enfrentaba a la vida valiéndome por mi sólo.
Por otro lado, me enbargaba un sentimiento de nostalgia, pues ello suponía apartarme del seno familiar al que yo estaba muy arraigado, tan es así, que cuando me asignaron mi primera adscripción en la sierra del Totonacapan, me acompañó hasta ahí mi padre que en aquél entonces era ya un hombre de edad muy avanzada.
Reconozco que mi incorporación a la docencia fue hasta cierto punto algo fortuito, pues siempre había pensado en tomar una carrera distinta a la de maestro, pero las condiciones económicas familiares no me lo permitieron y a partir de ahí, el rumbo de mi vida cambió radicalmente.
y en este devenir del tiempo, me di la gran oportunidad de estudiar la carrera que hoy ostento con gran orgullo. Lo expreso convencido que esto era lo mío, que yo debía estar donde hoy me encuentro, era el desafío y reto que había que enfrentar.
Sé muy bien, que el papel que nos toca requiere de entrega total de asumir el compromiso de contribuir al logro de una sociedad más justa y con valores. Sin duda, un gran reto.
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